Versión corregida

Uncategorized Enero 27th, 2010

La literatura de ficción y los temas sociales

Uncategorized Enero 26th, 2010

Una querida joven amiga y muy buena poetisa me escribe que la Editorial Estruendomudo publicará una antología de quince cuentistas latinoamericanos “por suerte”  desligados de los temas sociales. Ignora ella y quienes han realizado la antología que la escritura de ficción siempre estuvo ligada al hombre, al ser humano como ente social. Partiendo por Don quijote de la Mancha, la primera gran novela –las anteriores de caballería eran adefesios– donde so pretexto de cierta locura se permite al personaje ficticio desfacer entuertos, que no es otra cosa que tratar de enmendar lo torcido que imperaba en la sociedad de su tiempo; montado en su Rocinante y acompañado por su escudero Sancho Panza se lanzan adarga en mano y lanza en ristre a luchar como unos descocidos contra hechos reales que los acompañan en su camino y que el narrador disfraza para que la Santa Inquisición y todos los esperpentos creados a su alrededor para controlar la imaginación del escritor no los coloquen en el índex, y a su autor en las mazmorras que ya había habitado.

Retrotrayéndonos un poquitín nos encontramos con Dante Alighieri y su Divina comedia, obra por demás política escrita por un desterrado de Florencia que fue a parar a París y murió en Ravena, condenando al infierno, donde estaba perdida toda esperanza, a los políticos corruptos de su tiempo (siglos XIII y XIV).

Imaginémonos a un Víctor Hugo sin Los miserables o a un Charles Dickens sin los sórdidos personajes habitantes de los suburbios londinenses del siglo XIX que protagonizan sus inmortales narraciones. Qué haríamos con un Adré Malraux sin su Condición humana que nos ayudara tanto a comprender esa China ahora próxima a convertirse en la primera potencia económica mundial. Y aquí en el Perú una narrativa sin las Aves sin nido de Clorinda Matto de Turner, sin Los perros hambrientos y El mundo es ancho y ajeno de Ciro Alegría, sin Todas las sangres y El zorro de arriba y el zorro de abajo de José María Arguedas, sin Los gallinazos sin plumas o Al pie del acantilado de Julio Ramón Ribeyro, sin Los inocentes y En octubre no hay milagros de Oswaldo Reynoso, sin No una sino muchas muertes de Enrique Congrains, sin los cuentos de Eleodoro Vargas Vicuña de Ñahuin y Taita Cristo, en fin, sin La violencia del tiempo de Miguel Gutiérrez Correa o sin Montacerdos y Hueso Duro de Cronwell Jara, solo por citar algunos narradores. Sin omitir las tres primeras novelas de Mario Vargas Llosa: La ciudad y los perros, La casa verde y Conversación en La Catedral (con Zavalita y su clásica pregunta: ¿En qué momento se había jodido el Perú?).

Nadie les niega el derecho a los jóvenes de escribir sobre temas baladíes o sobre los que se les venga en gana. Pero que no digan que un mundo donde la mitad de la población vive en pobreza y la tercera parte padece hambre, donde las injusticias priman y las diferencias se ensanchan, pueden vetar el tema social y crear un canon excluyente. Contra la historia no se puede navegar. Fukuyama ya se arrepintió de haber declarado equivocadamente su fin. ¿O no?

 

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