Encuentro de dos mundos en “Danzante de tijera” de Forgues

Uncategorized Enero 19th, 2010

Nuestro querido peruanista francés Roland Forgues estuvo entre nosotros para presentar dos libros, uno sobre Mario Vargas llosa (que no comento por no haber llegado a mis manos) y otro sobre Gregorio Martínez, autor de la celebrada novela Canto de sirena, del inicial libro de cuentos Tierra de caléndula, del heterodoxo y entretenido texto La gloria del piturrín y otros embrujos de amor, de la importante novela Crónica de músicos y diablos y de las recopilaciones de crónicas tituladas Biblia de huarango y Libro de los espejos. No mencionamos su galardonada última obra, pues de ella no se ocupa Forgues.

De lo que si se ocupa Roland es de emparentar primero las tierras originarias de ambos, Coyou y Coyungo, no solo foneticamente, sino por adopción, pues la zona pirinéica francesa es un vergel y la peruana nasqueña un arenal al que se debe desbrozar de pedregales para poder arrancarle algo al árido suelo. Antes que nada, Roland hace un parangón espitual entre ambos escritores, hombres cerriles y epicúreos. Para esta yunta los placeres de la vida y de la escritura significan lo máximo, sin desdeñar para nada los de la carne concupiscente.

Los ensayos de la primera parte del libro son seis y se ocupan de comentar cada una de las obras de su entrañable amigo, aunque valgan verdades es Canto de sirena en el cual profundiza con vehemencia y pasión en un ensayo dividido en ocho partes, en cuya numerada con el 6 señala” “Fuera de su función puramente estética de divertimento, el humor y la ironía –que se desarrollan más a nivel de significado que de significante–, lejos de ser, como en otros autores (cita al Alfredo Bryce Echenique de Un mundo para Julius), una forma de compensar una contradicción que el creador no logra resolver concretamente en el terreno de la lucha de clases, sirven, por el contrario, en la obra narrativa de Gregorio Martínez para mantener viva, e incluso agudizar, o relanzar una contradicción que por el efecto de los condicionamientos culturales, del desánimo o de la resignación de la clase explotada y dominada, tiende a disminuir, por no decir a esfumarse.”

Pero es la segunda parte, llamada Diálogo de zorros, la más subyugante por tratarse de una serie de notas aparentemente hechas a vuelapluma, pero a no dudarlo trabajadas para dar esa impresión, la que nos interna en una deliciosa aventura de la palabra con recuerdos de vida compartida en ambos países: Francia y Perú. Situaciones jocosas y hasta estrambóticas, donde el ojo acucioso del cronista, del vaijero impenitente hurga detalles y situaciones de los más entretenidas y curiosas y a la vez aleccionadoras. Todo ello va a su vez acompañado de varias entrevistas realizadas en épocas distintas, donde los amigos llegan a agarrarse en un tete a tete a veces feroz, con paralés y réplicas; se trenzan en el verbo y las ideas con el fin de brindarnos sus alardes de sapeincia: la europea de vieja data y la afrroperuana de enjundia  de reciente afloración. El libro, debido a la Editorial San Marcos que dirige mi amigo Aníbal Pardes con acierto, cierra con un epílogo cuyo título nos permite obviar mayores comentarios: “En tierras de Coyungo, érase una vez Candelario Navarro…”. Como yapa trae fotos de la yunta con diversos escritores y amigos en diversos y distantes lugares del mundo. Porque como dice Candico: “Dios nos ha hecho al honrado y al ladrón para que haya experiencia y usted no se vaya a meter en la candela y se quema.” ¡Ayayau!

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