Maynor Freyre - Textos Libros
Altas Voces de la lit. peruana y latam. - [3era Parte ]

Maynor Freyre

Altas Voces de la Literatura Peruana y Latinoamericana

III

Escritores del

mundo unidos

1. El Borges que

yo conocí

(Revista Horizontes Universitarios,

N° 70, May./65)

 

Jorge Luis Borges está ante mis ojos. Y él no me ve. Sus ojos viven en la semipenumbra desde hace una docena de años. Pero un poeta no necesita percibir los objetos en sus contornos de luz, sombra y color para escribir sobre ellos. A Borges le basta escudriñar los misterios de su noche constante para decir:

 

Nadie rebaje a lágrimas o reproche

esta declaración de la maestría

de Dios, que con magnífica ironía

me dio a la vez los libros y la noche

 

Busco sacarlo de su ensimismamiento y le pregunto sobre política. Se siente aminorado para participar en ella, confiesa entender poco. Recuerda que durante la dictadura lo echaron de un puesto mientras que su madre y su hermana fueron tomadas prisioneras.

–Recuerdo que encargaron a un detective que me siguiera los pasos –relata enigmático– y yo vagué por toda la ciudad para hacerlo sufrir. Pero luego me dí cuenta de que él sólo estaba cumpliendo con su deber. Con un penoso deber. Los gobiernos cambian y la policía es siempre la misma. Hasta un torturador, un inquisidor es un ateo político. Pero ya le repito que yo me he dedicado muy poco a la política.

Hablamos de César Vallejo y Borges se declara un admirador del vate de Los heraldos negros.

–Lo admiro aunque estamos lejos en muchas cosas. Es indudablemente un poeta. Y ser poeta es sumamente difícil. Cualquiera es un gran poeta de su época; el poeta trasciende.

Actualmente el escritor argentino hace versos en rima «porque es muy difícil recordar el verso libre». Al respecto de este último guarda la opinión de que solamente debe cultivarse después de muchos años.

Para Borges, poeta que se siente truncado en la vida real, su poesía es una autobiografía: «sobre todo cuando tomo personajes legendarios... tal vez digo lo que yo hubiera querido ser».

–Soy casi ciego –prosigue con los ojos húmedos– y físicamente nunca he sido fuerte. Hubiera querido ser un guerrero, dirigir un batallón... de caballería –su imaginación juega– y morir en la batalla.

Y recordamos uno de sus cuentos y vemos la valentía de los hombres de los barrios porteños de Buenos Aires. Esos hombres rudos que consideran «que pa’ morir no se necesita más que estar vivos». Esos hombres que por sus chinas «bailaban la danza del cuchillo».

Las remembranzas siempre fueron para Borges tema poético «Borges y yo» es uno de sus trozos literarios llenos de nostalgia. Procuro llevarlo entonces, mejor dicho traerlo, a la era atómica, al de los viajes al espacio sideral.

–El viaje al cosmos es importantísimo para el hombre –expresa–. Pero la ciencia ficción pierde mucho en su imaginación cuando se descubren los misterios –continúa el imaginativo literato.

En cuanto al poder de las armas atómicas, para él, «desde que Caín mató a Abel las demás armas han seguido a la primera piedra lanzada».

Sus gestos son los de un hombre demasiado tímido. Se denota de inmediato en Jorge Luis Borges una vida profundamente interior que lo ha desligado del resto de la humanidad. Desprecia la realidad como musa poética a pesar de que él escribe sobre su propia realidad. Pero su voz tiene eco universal. Escribe con un estilo tan propio, tan borgiano –podríamos decir–, que mañana su nombre sentará una escuela digna de seguir y su literatura será permanente e inmortal.

 

 

2. Gabriel García

Márquez: Un preocupado

por la soledad del

hombre latinoamericano

(Semanario Unidad,

N° 150, del 15/9/67)

 

Nació en Aracataca, nombre desconocido de un pueblo como los muchos que hay en Latinoamérica y que existió y casi desapareció en Colombia. Cuando Gabriel García Márquez era un niño aún, hasta ese rincón desolado llegaron las fuerzas de represión del gobierno, con sus fusiles y sus sables, a acallar la huelga de los obreros bananeros. En Cien años de soledad, una de las novelas más leídas en estos días y laureada en el último Congreso de Escritores en Caracas, relata esto que ahora me narra verbalmente: «Después de estos sucesos nos fuimos para Barranquilla. Yo tenía ocho años apenas, y luego tendría gran significado en mi futuro». Es que los recuerdos de la niñez le han brindado elementos básicos para comprender las cosas. Pero no es sólo aquello. La realidad cotidiana va poniendo en sus manos, en su ser, un material para crear. «América Latina es un continente mágico, pues la realidad está marcada por un sello fantástico, estupendo y maravilloso».

«El que tirajes de cincuenta ejemplares se agoten sólo en la ciudad de su edición –sucedió con Cien años de soledad en buenos Aires– significa que los escritores de aquí, latinoamericanos, ya podemos vivir de nuestros libros, pero también significa que son los lectores los que se han acercado a nuestra literatura, y ese acercamiento es la identificación de ellos con estas novelas, con su contenido, que es la realidad de América Latina, sacada a flote con todas sus purulencias, con voz de denuncia, por la literatura. Si no ¿por qué estarían leyéndolas? y esto demuestra fehacientemente que estamos interpretando la realidad».

Fumamos y me siento halagado de la sencillez de Gabriel, de su voz franca saliendo de entre su espeso bigote, y me dijo en sus ademanes nada estudiados al lado de su vestir sencillo.

«A mí me ha preocupado siempre la soledad del individuo latinoamericano, que es gente solitaria, con dificultades de comunicación. En Cien años... lo cuento. Conversando con Mario Vargas llosa me dice que esa soledad se debe a su alienación». El camino se va trazado mientras estamos sentados. Seguimos hablando y entonces vamos llegando.

«Las transformaciones sociales, políticas, se sabe que vienen a nuestras tierras. No se sabe cuándo (hoy, mañana, dentro de tantos años), pero vendrán. Es que yo creo que el destino, no sólo de Latinoamérica sino de la humanidad entera, es el socialismo». Entonces sí que nos acercamos.

«Los debates que hoy existen son: por impedirlo, por apresurarlo, por diferencias estratégicas. Pero ya nadie lo pone en duda. Como nadie pone en duda que el sistema que rige entre nosotros es no sólo malo, sino que es ridículo, prácticamente medieval». La voz de García Márquez ha sonado tajante, irrefutable, sincera.

¿Y la misión del escritor, cuál es? «Hay algo que podría parecer dualidad, pero que no lo es. Primeramente está la ideología, la formación política del escritor, que le da una aptitud frente a los hechos, que se refleja en su obra. Mas yo no creo que el escritor tenga que dar soluciones en sus libros; hay muchas gentes que pueden hacerlo. Pero sí debe plantear la realidad –el timbre de su voz adquiere visos de dictamen–, ponerla ante los ojos de la gente. Porque el poeta se diferencia en que puede ver el otro lado de las cosas y su función radica en dar a conocer su interpretación de la realidad».

Ahora nos trasladamos a Cuba, en donde García Márquez trabajara para Prensa Latina. «Diré que en enero voy allá como jurado de novela para la Casa de las Américas» y con estas palabras cree sintetizar el novelista colombiano lo que cataloga diciéndome: «soy solidario con Cuba por solidaridad con el socialismo». Es decir que para él, Cuba –como me lo aseguró– es sólo el espejo de lo que Latinoamérica será en el futuro.

Luego empieza a definir lo que considera que es la misión del escrito: «Escribir bien, no bonito, sino con absoluta sinceridad. Pero nosotros queremos resolver desde ahora un problema, ya que estamos seguros que viene eso (el socialismo). Es mi convencimiento de que un escritor no puede renunciar a la crítica, inclusive en la sociedad socialista, tratando de buscarle un perfeccionamiento constante. Por eso los escritores que queremos al socialismo señalamos esto».

Y es mentira que García Márquez tenga cara de palo: su rostro se ilumina cuando examina con seriedad el futuro de nuestras naciones. Y al pensar en el futuro de Latinoamérica no se puede eludir el retorno hacia Cuba. «En Cuba actualmente se edita todo tipo de literatura, incluyendo a que conlleva críticas. Es que el ser un literato que señala algunas deficiencias significa sino amar aún a lo suyo». La mirada de Gabriel es diáfana, como si vislumbrase en estos momentos el alcance de lo que ha llamado «el destino no sólo de Latinoamérica sino de la humanidad: el socialismo».

Por último, ya asediado por otros periodistas, ante los cuales reaparece lo que ellos han dado en llamar la cara de palo de Gabriel García Márquez, con la cual suele desorientarlos con respuestas sacadas de su fantasía, hablamos sobre Vietnam. «Esa es una miserable intervención imperialista. Aunque fuera reaccionario lo explicaría así. Allí se esta pisoteando la dignidad humana». Y ya nos despedimos. Casi hemos susurrado nuestra conversación, como si fuéramos personajes en la clandestinidad reunidos en un pasaje de La mala hora, novela de Gabriel donde un alcalde, representante de la dictadura, determina un toque de queda, que hace despertar al pueblo hacia la rebelión.

Me alejo pensando que hoy, en nuestros pueblos de Latinoamérica, hasta para hablar de cosas como las que hemos tratado con el escritor, se necesita hacerlo quedamente.

 

3. Guillén: La revolución

refresca su poesía

(El Caballo Rojo, suplemento cultural,

N° 242. Diario Marka, 22/3/85)

 

Cuando yo era muchacho (hace, ponga el lector, 50 años) había gentes grandes e ingenuas que se asustaban con una tángana callejera o una bulla de tragos en un bar. Eran los que exclamaban: ¡Dios mío, que dirán los americanos! («Allá lejos», Nicolás Guillén).

Ese mismo Nicolás Guillén es el que está caminando a mi lado, tomando de mi brazo, acabadito de bajar el avión, con sus 82 años muy campante, preguntando al primero que encuentra en el camino si había leído El Caballo Rojo, y éste respondiéndole que sí, y él riéndose y prometiéndome que mañana conversaríamos más largo.

Y ya hoy es mañana y va recordando con César Lévano que se reunieron por 28 de Julio, que estuvieron en un restaurante del Rímac hace nada menos que 39 años, con doña Teófila –que resulta ser la actual suegra de Lévano–, y que Nicolás se sentaba en un batán, esas piedras grandes donde se muele el ají y que en Cuba se llama barén, y almorzaban en la cocina y cantaban y Guillén de inmediato habla de un próximo soneto a esa batán-burén. Entonces de arranque se traslada a sus recuerdos de Camagüey, su tierra natal.

Sentado a la mesa del hotel, este gran poeta que destacó como uno de los más conspicuos animadores de la Revolución Cubana, confiesa que sigue produciendo, y en referencia a su edad rememora que cuando le celebraron su cincuenta aniversario natalicio en Chile, al lado de Neruda, dijo que había una equivocación, que sólo estaba cumpliendo dos veces sus 25 años.

 

En este instante ingresa Magda Portal, actual presidenta de la ANEA, y se dan un gran abrazo y bromean sobre sus edades y sobre sus cargos, porque Nicolás Guillén es también presidente de la Unión Nacional de Escritores y Artistas (UNEAC).

Para empezar la conversación, Guillén se manda con «rompan filas, pues».

 

Apoyo de Cuba a los poetas

 

Al referirse a este tema, Guillén manifiesta que es total, así como también lo es para la libertad de expresión. Explica que el poeta vive de varias cosas, pero primeramente lo hace como escritor, a través de sus libros. «Quizá logre vender algunos en la Feria de libro de Buenos Aires, para donde me voy. Pero también soy funcionario, porque hay mucho que hacer para enfrentar al imperialismo que nos acosa», sentencia el poeta.

En cuanto a los poetas jóvenes, su respuesta es rápida y ocurrente: siempre hay que ser joven para ser poeta, de allí que en Cuba se apoya permanentemente a la poesía.

(Existe una organización de escritores y artistas en Cuba, la Brigada Hermanos Sainza, que ha ganado concursos literarios y tienen talleres. Hacen concursos, trabajos permanentes, publicaciones).

Una de las cosas que más le entusiasman a Guillén, es que cuba no sólo ha cambiado en el orden económico y social, sino hasta en la segregación racial. Mulato al fin, sabe lo que dice, tiene plena libertad.

 

Sus recuerdos del Perú de 1946

 

Recuerda que estaba en una esquina, junto a una barbería, y que los colores rojo y blanco flameaban en un árbol. No olvida que por ese entonces gobernaba el Perú José Luis Bustamante. De allí pasa a sus remembranzas. ¿Ha muerto mucha gente, no?, pregunta al hablar de los amigos que dejó. Con gran cariño menciona a Rosita Alarco, y con gran amor. «No me cansaba de verla bailar la marinera», confiesa enternecido.

En aquella ocasión de 1946, vino apenas por 18 horas a Lima, pues Pablo Neruda lo esperaba en Chile. «Es una historia curiosa. Yo venía de Colombia y me dirigía a Santiago de Chile. Pensaba pernoctar en Lima y continuar el viaje. Recibí en esta ciudad una agradabilísima sorpresa: encontré una elevada temperatura humana y cultural. Tanto me impresionó esto que permanecí 24 días en tierra peruana. José María Quimper tomó mis maletas y prácticamente me obligó a quedarme aquí todo ese tiempo», explica. Cuando Quimper, que parecía no iba a venir a este encuentro, apareció repentinamente y ambos amigos se estrechan en un sincero y fuerte abrazo que esperó 39 años.

 

Publicaciones y preferencias poéticas

 

Enumerar la vasta obra de Nicolás Guillén abarcaría varias páginas, pero si podemos mencionar que el año pasado obtuvo el Premio de la Crítica y que además publicó Crónicas de prisa, que son sus crónicas de viaje donde dedica un buen espacio a la visita del 6 hecha al Perú. Puesto en el dilema de escoger la que más le gusta entre sus obras, menciona La rueda dentada, de la que evidentemente le agrada el título, bromea, pero en especial el hecho de que conserve la frescura de otros libros.

Entre sus preferencias poéticas, prefiere a César Vallejo primero que a nadie y a 2 ó 3 más, cuyos nombres no dice para no crearse problemas con los que deje de mencionar. En prosa le gusta el Quijote, ya que obviamente nadie puede discutir a don Miguel de Cervantes.

«Conocí a César Vallejo en Madrid y luego estuvimos unas tres veces más en París, en el hotel Sebastopol –relata–, y cada vez que me veía me decía ‘negro cómo te va, cómo estás negro’, palabra reivindicada por Vallejo desde ese entonces».

Guillén llegó a asistir al entierro del gran vate peruano en París. «Había una llovizna persistente y desagradable; la noche anterior había llovido mucho. Louis Aragón lo despidió», rememora con nostalgia.

«De Vallejo me queda el recuerdo de un hombre reconcentrado y entristecido», dice para cerrar el tema.

 

Cuatro sonetos al Che Guevara y una canción

 

«Por supuesto que conocí al Che Guevara, y me incitó a dar mi primer recital al retornar del exilio a Cuba justo el 1° de enero de 1959, que lo dí en la Cabaña, el fortín del ejército revolucionario triunfador. Y cuando lo mataron le dedique 4 sonetos. También me acuerdo que el mismo che me regaló un juego de ajedrez de esos pequeños, porque escribí una crónica sobre el dominó y el juego ciencia: ‘toma para que aprendas a jugarlo’, me dijo en aquella ocasión», expresa con una mezcla y tristeza y alegría.

Indagamos sobre la ligazón de su poesía con la música popular y nos dice que justamente empieza a crearla por el ritmo del son, con una colección de 8 poemas titulada Motivos del son. De repente se entusiasma y empieza a cantar un son a capella.

Finalmente, con humildad manifiesta que en Francia acaban de publicar sus obras completas y también sus memorias, traducidas al francés. Sus acompañantes aclaran que esas publicaciones han tenido gran éxito.

De esta manera, con un «mojito» entre las manos, nos despedimos del gran Nicolás Guillén, poeta propuesto para el Premio nobel de Literatura, quien por último nos habla de Rosita Alarco: «Lo sé, ella murió. Era una poetisa (o una poeta) con una veta muy señalada del lirismo artístico y doloroso. En mis memorias recuerdo que fue enterrada envuelta con una bandera roja en San Pedro de Casta».

 

4. Elvio Romero: Poesía

apasionada por el

amor a la tierra

(Altavoz, suplemento dominical,

N° 55. Diario La Voz, 27/9/87)

 

 

al ingresar al cuarto de hotel sin mayor preámbulo y desligados de etiquetas, nos damos con un hombre vital y sencillo desprovisto de la falsa pose de estrella que a veces suele acompañar a algunos escritores que en sus escritos son revolucionarios.

La lectura de los títulos de sus poemarios nos sugieren la fuerza de su poesía: Días roturados (1947), Despiertan las fogatas (1953), El sol bajo las raíces (1956), De cara al corazón (1961); una poesía de garra, que parece arar la vida para encontrar el centro de su corazón.

Lo primero que hace es darme un libro donde aparece un poema del gran Nicolás Guillén dedicado a Elvio Romero y al músico, también paraguayo, José Asunción Flores, y me pide que lo reproduzca, diciéndome que forma parte de La paloma popular y que él lo conoció traducido al francés por Caludo Couffo y que había aparecido en Letras Francesas que dirigiera Louis Aragón.

Nacido en 1926 en Yegros, zona agrícola-ganadera del centro mismo de Paraguay, nos habla de su modo de escribir, de cómo mientras no tenga el remate del poema, el último verso, no escribe. Pero es secundario, pues su gran motivación, su numen, es la tierra paraguaya, de la que vivió exiliado tantos años. «Es algo obsesivo, como el amor y el destierro», nos dice conmovido. Enseguida confiesa que eso no niega lo internacional, que ha escrito poemas a Nicaragua, por ejemplo. «La poesía no puede cerrar sus ventanas a ningún sentimiento –prosigue–, por eso he escrito poesía amorosa, de lucha, de rebeldía, de todo, de lo telúrico».

Seguimos hurgando las profundidades de su astro y sentencia: «la creación no es nunca consciente ni lúcida; siempre hay una cosa misteriosa en ella. Pero siento que en todos los poetas del mundo hay un tema central, obsesivo sobre el que gira toda su obra, tal vez de alguna sensación especial que va saliendo de lo hondo».

Prosigue con su arte poético: «Mi ligazón es vivencial. No me interesa la poesía folclórica. Está uno ligado a la tierra como está ligado el ser a la cosa nutricia.»

 

En busca de un Paraguay distinto

“Naturalmente que desearía ver a un Paraguay distinto. Queremos que revelen este país tan desconocido de Latinoamérica», plantea con vehemencia, e inmediatamente recuerda que en una reunión en la Habana se encontró con Juan Marinello y éste al verlo expresó alborozado: «¡Es la primera vez que veo a un paraguayo!». Para manifestar con mayor abundancia el aislamiento de su patria pone otro ejemplo: «No te olvides que en uno de los libros de Luis Alberto Sánchez en que trata acerca de todas las literaturas de América, a Paraguay le dedica apenas ¡tres líneas!»

Luego medita y expone: «Lo que pasa es que el imperialismo lo destruyó formando la coalición de la triple alianza. ¡Si hoy ha ocurrido lo que pasó con Las Malvinas!». Y el poeta retorna a la patria sentenciando: «Los 33 años de dictadura que vive el Paraguay son una alucinación, son siglos de espera y de impaciencia; más de lo segundo.» Y todo eso está dado absolutamente en la poesía de este vate de pasión y coraje.

Pasamos entonces al tema de la poesía política. «Yo creo que hay una gran tradición de todos los tiempos en la poesía política. Un crítico sostiene que la Divina Comedia contiene más aspectos políticos que teológicos. Víctor Hugo fue un gran poeta político, Lord Byron también».

Hay que explayarse sobre el tema, tratar de plantear las cosas como son frente a una corriente purista. «¿Por qué hay que hablar de contaminación en la política es un acto de participación en las cosas ciudadanas? –se pregunta el poeta–. ¿Por qué el obrero puede hablar de política y hacer política y el poeta no? Ustedes tienen al gran César Vallejo, que hizo una alta poesía humana y política. Así escribieron Neruda, Miguel Hernández, Ungaretti, Mayakovski, Paul Elluard, Aragón, Alberti...»

Después lanza algo rotundo: «Lo que pasa es que ésta es una época de transición histórica, y los poetas de todas las lenguas coinciden en la temática, en la propuesta. Yo no creo en esa poesía desvinculada de los problemas más inmediatos, no hay un real temperamento detrás de eso. Esta es una época de gran pasión, de máxima participación. La poesía ha recuperado ese apasionamiento. Es el halo histórico de una poesía que va teniendo varias etapas. Así por ejemplo, Quevedo, aparece como un poeta humorista, el del Poderoso caballero don Dinero, y no el Quevedo que con su poesía era capaz de posar sus manos sobre las llagas de España. ‘Quevedo, ese abuelo instantáneo de España’, decía Vallejo. Fue una poesía que se ocultó, que no quería que pasar a la historia».

 

Desintegración e integración

 

El desintegrante caso de Mario Vargas Llosa, no podía ser soslayado. «No es ninguna novedad –refiere con parsimonia–, siempre la derecha dispuso de los cuadros necesarios para la defensa de sus intereses.  Y tampoco es el primer caso de escritores que primero coquetean con la izquierda para terminar recostados en la derecha».

En seguida abordamos la posibilidad de una integración latinoamericana a partir de los escritores. «Con el triunfo de la revolución cubana, nosotros nos conocemos más. Pero sucede que no tenemos una editorial, un verdadero proceso de integración. Por ejemplo, yo necesito pasaporte para venir al Perú, y los títulos universitarios no sirven de un país a otro prácticamente. Claro que existe la idea necesaria de una integración y lo ideal que de reuniones como ésta (se refiere al Cicla) surgiera una revista latinoamericana, pues sin ella uno está como desvinculado; la revista, parecerá mentira, une mucho. Así por ejemplo, la revista Casa de la Américas. Porque siempre ha habido una gran literatura en América Latina, pero no había antes quién la difundiera. Así El mundo es ancho y ajeno es un señor libro y Arguedas tiene libros definitivos, hablando sólo de los peruanos, pero en Paraguay no se lee lo propio, lo nacional. En Brasil sí, siempre hubo difusión de lo nacional».

Finalmente hablamos de los escritores estrellas y nos pone un ejemplo rotundo: «en cierta oportunidad el colombiano Vargas Vila se encuentra con el guatemalteco Gómez Carrillo, que andaba de la mano con las dictaduras, y éste le dice: «Maestro, nosotros somos los únicos escritores que vivimos de la pluma’, a lo que Vargas Vila responde: ‘Sí, con la diferencia que escribí siempre de pie, y Ud. siempre de rodillas». Rotunda también la despedida de Elvio Romero «En tiempo en que la esperanza agita las raíces mismas de la comunidad, y un libre fulgor virginal nos apunta desde el cielo naciente, la poesía social suele revelar una oportuna vigencia que, paradójicamente, refuerza y caldea su médula intemporal» (Colofón a la edición paraguaya de Despiertan las fogatas..., Editorial Alcántara, 1986, fin del exilio de una poesía).

 

5. Fernández Retamar:

Lección de integración

a través de la literatura

(Altavoz, suplemento dominical,

N° 55.  Diario La Voz, 27/9/97)

 

El poeta cubano Roberto Fernández Retamar, Presidente de la Casa de las Américas y director de la revista del mismo nombre, no requiere de mayores presentaciones. Conversamos.

«Yo nací en un barrio orillero de La Habana llamado La Vibora, donde viven aún un para de hermanos míos. Los que somos de allí nos llamamos viboreños, no viperinos», bromea de arranque.

«Mi primer poemario aparece en 1950, tenía 20 años y se llama Elegía como un himno, dedicado a un poeta cubano y luchador social que murió tuberculoso en 1934, Rubén Martínez Villena. No es que le este dedicando, sino que él es el tema del poemario. Su vida y algunos de sus poemas son realmente extraordinarios, y para un joven artista con inquietudes sociales él se presentaba como un verdadero modelo.

«Mi poesía empieza con sentido social a partir de otro poeta. En realidad simultáneamente mi poesía no era exclusivamente de la vertiente social, sino que poseía muchas otras temáticas. Nunca me he considerado un poeta exclusivamente social».

De inmediato pasamos al tema de los poetas puros. «No existen poetas puros. El asunto es que yo no sólo trato temas abiertamente políticos, sino que abarco el amor, la amistad, la muerte, el paisaje. Creo que quizá un denominador común en mi poesía sea un sentido afirmativo de la vida; me refiero a que hay poetas, incluso muy buenos poetas, que expresan una visión sombría de la vida; este puede ser el caso del Elliot de Tierra baldía o de no pocos poemas de las primeras Residencias en la tierra de Neruda. Hay otros poetas que parecen seguir la observación de Beethoven en uno de sus últimos cuartetos: a pesar de todo, hay que decir sí a la vida. Pienso en poetas tan diversos como Martí, S. J. Perse, como también en Vallejo. En la medida modesta que me corresponde, ésta es mi familia. Precisamente mi tercer libro que se publicó en México y que se llamó Alabanzas, conversaciones, tenía un epígrafe de S. J. Perse en ese sentido».

«Ponemos a Vallejo, porque la poesía puede ser agónica, como en Martí también, pero afirmativa en la vida.».

 

Integración de la literatura latinoamericana

«Tal integración ocurre en el siglo XIX y con varias etapas de aparición. Es un momento claro, pero débil. Es el de las Odas americanas de Andrés Bello. Pero el gran impulso lo daría el romanticismo latinoamericano: antes de mediar el siglo XIX (1846-1847) el argentino Juan María Gutiérrez publica una antología fundadora titulada América poética y es la primera presentación en conjunto de la poesía latinoamericana; arrancaba con Bello, Olmedo, Heredia, los fundadores. En su estela se iban a publicar otras antologías a lo largo del resto del siglo XIX con la voluntad de mostrar que había un cuerpo poético hispanoamericano distinto del europeo.

«En el número de mayo-junio de 1987 de la revista Casa de las Américas, viene un estudio excelente de Rosalba Campra que se llama Antologías latinoamericanas del siglo XIX. Proyecto literario y proyecto político. Esas antologías expresaban lo que se llamaba hacer integración cultural. Diseño político que podría ser llamado anticolonialista.

«A fines del siglo XIX se va a producir un cambio importante en nuestra literatura: la aparición del modernismo. Voy a mencionar dos nombres importantes: José Martí y Rubén Darío. Creo que el modernismo provocó una nueva conciencia continental que en sus momentos más altos asumió rasgos antiimperialistas. No quiero forzar la mano, pero vale la pena meditar sobre el hecho de que han sido discípulos de Martí y de Darío los que han encendido las revoluciones sociales de Cuba y Nicaragua.

«Es decir, lo que podríamos llamar la aventura colonial del siglo XIX, se convierte a mediados del siglo XX en postura  antiimperialista y desemboca en la revolución social. Naturalmente el proceso es mucho más complejo. No se puede dejar de mencionar la influencia de la revolución mexicana, el impacto de la vanguardia estética, la aparición de marxistas como Mariátegui, etc.»

 

hablando sobre el indigenismo

«En cuanto al indigenismo, tenemos dos polos: la meditación de J.C. Mariátegui en los años ’20 y la encarnación literaria mayor de un hombre al que quise personalmente mucho y admiro: José María Arguedas.

«Yo creo que si hay que escoger doce autores latinoamericanos de todos los tiempos, uno de ellos es Arguedas. Este es un país privilegiado.

«La forma dramática que encontró para transmitir el alma y los problemas autóctonos al mundo sigue siendo ejemplar. Esa impresión que tiene todo el mundo de que el Perú es un país no soldado, no acabado de integrarse, se ve nítidamente en la obra de Arguedas, que deja ver la grieta del Perú».

 

De la pureza en la poesía

 

«En primer lugar, se sabe que el arte con frecuencia conoce un ritmo pendular por lo que a menudo se va de un extremo a otro y a veces hay que esperar cierto tiempo para alcanzar una visión equilibrada.

«En segundo lugar, en los años ’60 y ’70 la poesía hispanoamericana como rechazo a una previa poesía hermética, usó y abusó de recursos explícitos que para brutalizar podríamos ver encarnados en la antipoesía conversacional, en lo que se llamó exteriorismo. Yo veo con simpatía que se haya pasado a una poesía completamente distinta. Eso no quiere decir que esta otra poesía sea necesariamente buena y a veces, en efecto, es mala».

«La poesía excesivamente explícita engendró un saludable reverso: es decir una poesía que reacciona contra la anterior. El nuevo riesgo, sin embargo es ir a parar a una poesía reaccionaria. Pero los riesgos no le quitan el sueño a los verdaderos poetas ni a los seres humanos reales en general. Por eso veo con simpatía y esperanza esta nueva creación poética».

 

Escritores de derecha

 

«Desde finales de los años ’60 y principios de los ’70, por señalar algunas fechas, se ha venido constituyendo en nuestra América una nueva derecha intelectual que ha ido formando su plataforma ideológica. En esencia hecha de viejas consignas anticomunistas y de franca defensa de la libre empresa y del que sarcásticamente se llama «mundo libre». Esta nueva derecha intelectual, guarda vínculos estrechos con el neoconservadurismo norteamericano y con su homólogo euroccidental. En el caso nuestro, sus grandes bestias negras son, en primer lugar Cuba y Nicaragua, pero también todo auténtico movimiento popular o toda medida de reafirmación de la soberanía nacional. Por supuesto que no se trata de un hecho estético, sino crudamente político.

«Sus representantes son, para utilizar una forma periclitada, intelectuales comprometidos, sólo que comprometidos al servicio del imperialismo y de las oligarquías locales. En consecuencia hay que responder a esta nueva derecha con una nueva izquierda de amplia base, de riqueza intelectual de firmeza política.»

Gracias, maestro Fernández Retamar, por la lección.

 

6. Forgues, el pertinaz

peruanista galo

(Diario, Gestión, 19/3/92)

 

En realidad el epíteto puede parecer muy ambiguo, pero la insistencia con que Roland Forgues (Tarbes, Occitanie, 1944) viene interesándose por lo peruano, por su literatura; a través de estudios, entrevistas, certámenes, invitaciones a escritores o intelectuales para una permanencia en su antigua Universidad de Grenoble (ahora trabaja en la Universidad de Pau, en el Departamento de Estudios ibéricos e Iberoamericanos), convierten a este peruanista francés en un hombre de gran pertinacia.

Añadiéndole a lo anterior que razones para desistir de su encomiable empresa no le deben haber faltado, si se considera que algunos intelectuales peruanos lo han emplazado por su trabajos, con ánimo más que polémico. Pero esa es harina de otro costal y la verdad es que Forgues sabe muy bien cómo matar sus pulgas en cuestión de debates.

Su amor al Perú empezó cuando Roland leyó toda la obra de José María Arguedas y se decidió a preparar su tesis de doctorado sobre el tierno y profundo escritor andino, y como para completar la cosa se vino en 1979 «para confrontar con la realidad lo que sabía del Perú a través de la obra de Arguedas».

Fueron tres meses viajando mochila al hombro, por los caminos que figuraban en las narraciones de JMA, acompañado por un colega español de la Universidad de Grenoble. El viaje fue en camión, a caballo, en acémila, a pie; es decir, a la manera de los lugareños. Así estuvo en el Puquio de Yawar fiesta, en el Abancay y Cusco de Los ríos profundos, en la Villa de San Pedro de Layhuaymarca donde don Bruno y don Fermín al lado de Rendón Wilca viven los episodios de Todas las sangres, así como también visitó los prostíbulos y otros lugares de Chimbote donde se desarrollan los hechos de la novela póstuma de JMA, El zorro de arriba y el zorro de abajo. Por supuesto que el penal de El sexto no fue dejado de lado por Forgues, como otros lugares más donde discurrieran los personajes arguedianos.

A mediados del pasado mes de febrero que presentó en Lima el Tomo IV de La Palabra viva, serie de entrevistas, que en este caso se titula Las poetas se desnudan (Ed. El Quijote, Lima, 1991); el Tomo 1 Hablan los narradores, el II Hablan los poetas y el III Hablan los dramaturgos (los tres editados por Studium, Lima, 1988). La palabra viva «nos permite ver la intensa pasión que el ensayista galo pone en todo lo que hace y la ternura con que habla de nosotros los peruanos y latinoamericanos», dice con acierto Marco martos en la presentación del último tomo.

Pero como reza el dicho, papeles hablan. De manera que mejor enumeremos los libros publicados por Forgues sobre el Perú: La sangre en llamas (Ed. Studium, Lima, 1979), ensayos sobre Vallejo, Alegría, César Falcón, Arguedas y Vargas Llosa;  la espiga miliciana (Ed. det. Lignahus-Cerpa, Grenoble, 1985 y Ed. Horizonte, Lima 1988), ensayos sobre la poesía inspirada en la guerra civil española escrita por Vallejo, Neruda y Guillén; J. M. Arguedas, del pensamiento dialéctico al pensamiento trágico. Historia de una utopía (Ed. France-Ibérie-Recherne, toulouse 1986 y Ed. Horizonte, Lima, 1989), polémico ensayo sobre la obra narrativa y los textos teóricos escritos por JMA; El fetichismo y la letra (Ed. Horizonte, Lima, 1986), ensayos sobre los peruanos Gregorio Martínez, Bryce y Vargas Llosa y acerca de los latinoamericanos García Márquez, Carpentier, Rulfo, Puigg y Bioy Casares; Bajo el puente Mirabeau corre el Rímac (Ed. det. Lignahus-Cerpa Grenoble, 1987), entrevistas a poetas peruanos residentes en París; La escritura, un acto de amor (Ed. det. Lignahus-Cerpa, Grenoble, 1989), antología de la poesía femenina del Perú, hecha conjuntamente con M. Martos; La estrategia mítica de Manuel Scorza (Cedep, Lima, 1991), ensayo que nos redescubre al notable novelista peruano. Son siete libros publicados sobre peruanos, aparte de los cuatro tomos de Palabra viva, cada uno con su  respectivo ensayo introductorio, y de Rulfo, la palabra redentora (Ed. Puvil Libros, Barcelona, 1988).

Por si eso fuera poco, en 1988 organizó en Grenoble un certamen internacional sobre César Vallejo y su obra (publicado por Ed. Amaru, Lima, 1992); en 1989 otro de igual índole, Arguedas, vida y obra, también en Grenoble (Ed. Amaru, Lima, 1991), y para este año, del 21 al 24 de octubre realizará un coloquio internacional sobre José Carlos Mariátegui y Europa; el otro lado del descubrimiento, en su nueva universidad: Pau.

Sin temor a equivocarnos, bien podemos parangonar a Roland Forgues con la escritora Franco-peruana Flora Tristán, autora de Peregrinaciones de una paria, libro publicado en francés en 1838 y más de un siglo después en español, o con André Coyne o Francois Bouricaud, peruanistas egregios, con grandes trabajos sobre el país en el campo del análisis político y las ciencias sociales. Los trabajos de Forgues sobre nuestra literatura son –a no dudarlo– de gran factura, y de vital trascendencia para la mejor difusión de la obra literaria de nuestros grandes creadores.